Valores universales Act 9

 Hecho por Donovan Uthmani Palagot Arroyo

Percepción multidimensional de  los valores

Introducción:

Hablando de valores en una definición simple son las normas y principios que rigen a una persona, familia o sociedad, en la que se le da un valor a una creencia o conducta dedicada a las personas los valores son subjetivos se refiere al valor o la importancia que le des a cada acción o comportamiento de cada quien por ejemplo, la mentira; LA MENTIRA  es subjetiva por ejemplo para algunas personas exista la mentira blanca que se trata de mentir para no herir los sentimientos de otra persona o simplemente por ocultar algún hecho que pueda perjudicar a la persona en un estado físico o mental y para otras personas la mentira es siempre eso y no se permiten decirla ni por muy inocente que esta sea se rigen bajo la creencia de que es mejor la verdad por muy difícil que esta sea y se debe de afrontar de cualquier manera la situación y por último entramos en el tercer tipo de persona que simplemente piensa que el decir mentiras es en muchos casos la manera de obtener lo que quieren sin importar el daño que puedan. Estas cuestiones no solo se presentan de forma individual, también se llegan a presentar de forma cultural o social dentro de comunidades de un mismo país, un ejemplo:

 En diferentes culturas dentro de  México compartimos una cantidad significativa de principios, pero en realidad en muchas culturas como en la sierra dan gran valor a muchas cuestiones que en el centro del país ya se perdió la importancia que se le daba a diferencia de las culturas de esas regiones. Aún actualmente se persiguen muchos tabúes de gran relevancia acordes a la zona, como por ejemplo el matrimonio ya que en algunas partes del país es muy importante y en otras no lo es. Estas diferencias y variedades que existen dentro de los valores son analizaremos mediante 3 factores, el personal, el familiar y el social.

Desarrollo:

La dimensión personal

En El Principito, Antoine de Saint-Exupéry inicia un recorrido sobre la esencia de lo verdaderamente importante. A través de su viaje por distintos planetas, el principito conoce a adultos que representan distintos antivalores: el rey simboliza el poder, el vanidoso la apariencia, el bebedor la evasión, el hombre de negocios la codicia, y el farolero la obediencia. Cada uno de ellos se encuentran atrapados en su propio “mundo” sin cuestionar el sentido de sus acciones. Mientras que el principito, busca lo esencial y descubre que “solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”.

Desde este punto de vista el valor personal se entiende como una búsqueda interior, no como una imposición externa. La película El Principito , amplía esta idea al mostrar a una niña atrapada en un mundo rígido y racional, donde todo está planificado. El conocer al aviador ayudó a la protagonista a recordar que es ser una niña, donde dentro de la película ser niño incluye imaginar, la amistad y el amor, valores que no se le inculcaron adecuadamente por el sistema establecido de una madre que solo valora la eficiencia y el éxito académico. En ambos casos, se plantea una crítica a la pérdida de la sensibilidad y la autenticidad en la vida moderna.

De manera semejante, en Capitán Fantástico de Matt Ross, se presenta a Ben Cash, un padre que educa a sus seis hijos fuera del sistema, en medio del bosque, inculcando y educando bajo principios de autosuficiencia, honestidad radical y pensamiento crítico. Para Ben, los valores personales se construyen mediante el pensamiento y la profundización, no a través de la obediencia. Sus hijos son educados para cuestionar el consumismo, la religión institucional y las normas sociales impuestas. Sin embargo, el conflicto surge cuando esa rigidez de ideales choca con la realidad emocional de los niños y con el entorno social.

Aquí se logra observar un aspecto muy importante de la dimensión personal: los valores personales no pueden ser absolutos ni inflexibles, porque la convivencia con otros implica empatía y adaptabilidad. Tanto el principito como Ben buscan un sentido auténtico a la existencia, pero deben aprender que la verdad no se alcanza desde el aislamiento, sino mediante la interacción con sus semejantes.

La dimensión familiar

En la dimensión familiar, los valores se aprenden por medio de la convivencia, el ejemplo y la comunicación. La familia es el primer espacio donde se nos enseña a amar, respetar, compartir y cooperar. En El Principito, el valor del amor se representa a través de la relación del protagonista con su rosa. Aunque al principio la rosa parece caprichosa, el principito comprende que es única porque la ha cuidado y porque su responsabilidad hacia ella le da sentido a su vida. Esta idea se relaciona con el valor de la responsabilidad afectiva, que implica reconocer que nuestras acciones tienen consecuencias en quienes amamos.

En la película de El Principito, esta enseñanza se traduce a la relación entre la niña y su madre. La madre busca asegurarle un futuro “perfecto”, siguiendo normas estrictas de estudio y conducta, sin darse cuenta de que al hacerlo reprime su infancia. Solo cuando la niña se permite ser libre y soñar, la madre comprende que el amor no se demuestra mediante el control, sino mediante la comprensión y la presencia. Así, el valor familiar se resignifica como un equilibrio entre disciplina y afecto.

Por su parte, Capitán Fantástico lleva la reflexión familiar a un nivel más radical. Ben intenta crear un modelo alternativo de familia, basado en la educación intelectual, el respeto mutuo y la autosuficiencia. Sin embargo, su excesiva exigencia y rechazo a las normas del mundo exterior generan tensiones. A través de su historia, la película plantea una pregunta profunda: ¿hasta qué punto nuestros valores familiares deben imponerse a los hijos, y cuándo deben adaptarse a sus necesidades y libertades individuales?

En este sentido, la familia no solo es transmisora de valores, sino también espacio de conflicto y negociación. Cada generación redefine lo que considera correcto o importante. La historia de Ben muestra que incluso los ideales más nobles pueden volverse destructivos si se aplican sin empatía o sin reconocer la complejidad del mundo. En contraste, el principito enseña que cuidar y amar al otro es un acto de responsabilidad, pero también de libertad.

 La dimensión social

En la dimensión social, los valores se expresan en la manera en que convivimos, construimos instituciones y damos forma a la cultura. Cada sociedad define qué comportamientos son deseables o rechazables, según su historia, religión y entorno. Como se mencionaba en la introducción, en México existen diferencias notables entre comunidades rurales y urbanas, donde el respeto a la familia, la religión o el trabajo tiene significados distintos.

En El Principito, la crítica social es evidente: los adultos representan la pérdida del sentido de la vida por priorizar el dinero, el poder o la reputación. Saint-Exupéry nos muestra una sociedad que olvida lo esencial: la amistad, la empatía y la creatividad. Esta visión coincide con la del Capitán Fantástico, donde se denuncia una sociedad consumista, superficial y conformista. Ambas obras plantean la necesidad de repensar los valores sociales modernos, especialmente frente a un sistema que premia la productividad por encima del bienestar.

Desde la perspectiva de la ética social, los valores deben servir para fortalecer la convivencia, no para dividir. Cuando una sociedad privilegia la competencia sobre la cooperación, o el éxito individual sobre el bien común, se fragmenta el tejido social. Por ello, tanto Saint-Exupéry como Ross proponen un retorno a los valores humanos esenciales: la empatía, la humildad, la verdad, la solidaridad y el amor.

No obstante, también muestran que vivir según los valores personales en una sociedad que los contradice puede ser doloroso. El principito se siente solo entre adultos que no lo entienden, Ben Cash es juzgado y marginado por su estilo de vida. Ambos personajes ilustran el dilema de quienes buscan ser fieles a sus principios en un mundo que los ha olvidado. Pero también demuestran que el cambio social empieza por la coherencia individual y familiar: ser ejemplo es la forma más poderosa de transformar a la comunidad.

 

 

 

 

 

 

 

Conclusión

La percepción multidimensional de los valores personales, familiares y sociales nos permite entender que no existe una sola manera correcta de vivir, sino múltiples formas de construir sentido. El Principito nos enseña que lo esencial es invisible a los ojos y que debemos mirar con el corazón, Capitán Fantástico nos recuerda que la autenticidad requiere valentía, pero también equilibrio. Ambas obras coinciden en que los valores no se imponen, se descubren a través de la experiencia y la relación con los otros.

En el plano personal, los valores dan dirección a nuestra vida; en el familiar, fortalecen los vínculos; y en el social, crean comunidad. Sin embargo, su verdadero poder radica en la capacidad de adaptarse sin perder su esencia. La verdad, la libertad, la responsabilidad y el amor son valores universales, pero su aplicación cambia según el contexto y las circunstancias.

En un mundo donde los valores parecen diluirse entre la tecnología, la prisa y el individualismo, El Principito y Capitán Fantástico nos invitan a reflexionar sobre lo que realmente importa: vivir con coherencia, cuidar a quienes amamos y actuar con empatía y conciencia.
 Así, comprendemos que los valores no son simples normas, sino caminos hacia una vida más humana, más plena y más significativa.

 

 



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